Pasar al contenido principal

Así se hizo el TEDx Parque La Carolina

Enviado por rchavez el
TEDx parque La Carolina

Por: Roberto Chávez | @lamalaactitud

Un evento de ideas no nace de una sola persona. Nace de la confluencia de varias manos, que, muchas veces sin conocerse del todo, van construyendo algo que individualmente ninguna podría haber producido. El TEDx Parque La Carolina, primera edición del evento bajo licencia TED organizado por Fundación Openlab Ecuador el 22 de enero de 2026 en el auditorio de CIESPAL de Quito, fue exactamente eso: un ejercicio colectivo que requirió meses de trabajo sostenido, múltiples roles asumidos con generosidad, y una apuesta institucional que implicó riesgos reales.

Todo comenzó con una pregunta de diseño: ¿qué tipo de conversación quería generar este primer TEDx en La Carolina? La temática —"Primeras Veces"— no fue un accidente, dice Iván Terceros de la organización. Surgió de un proceso de identificación de oportunidades para desarrollar charlas basadas en experiencias significativas, que además conectaran con el nombre escogido para el evento. El Parque La Carolina no es solo un espacio verde en el hipercentro de la ciudad; es uno de los pulmones sociales de Quito, un lugar que convoca a vecinos, familias, ciclistas y caminantes desde hace décadas. Nombrarlo era anclar el evento a una idea de ciudad activa, no a un auditorio corporativo. A esa decisión inicial se sumó el trabajo de generar alianzas y el diseño del sitio web del evento, piezas que construyeron la primera impresión pública del proyecto antes de que existiera un solo speaker confirmado.

La co-coordinación general del proyecto recayó en Christian Guayasamín, quien asumió un rol que combinó curaduría, dirección y apoyo técnico-operativo a lo largo de todo el proceso. Fue él quien construyó el manual de curación que establecía los criterios para la selección y acompañamiento de las y los ponentes, quien articuló los aspectos estratégicos y logísticos para garantizar coherencia entre contenido, producción y experiencia del público, y quien estuvo en la sala de producción el día del evento asegurando el correcto desarrollo de las intervenciones. 

La curaduría de los speakers fue uno de los trabajos más exigentes del proceso. Revisar una a una las cerca de cincuenta postulaciones que llegaron desde la convocatoria abierta, la tarea era separar la anécdota del pensamiento, el relato íntimo de la propuesta que interpela a otros. Carlos Flores, del área de innovación social de Openlab, define ese ejercicio de una manera que sintetiza bien lo que estaba en juego: "Curar, en ese sentido, fue hacer arquitectura intelectual: definir criterios, sostener coherencia y apostar por voces que transformaran experiencias personales en reflexión compartida. El escenario no podía ser solo un espacio de exposición, sino un lugar donde se disputan sentidos y se construye conversación pública." Que once perfiles tan distintos —una urbanista feminista, un bibliotecólogo, un PhD que aplica inteligencia artificial a la producción camaronera, dos comediantes con décadas de trayectoria, un empresario exitoso, una especialista en IA aplicada a la educación— tuvieran coherencia bajo el mismo techo no fue casualidad. Fue criterio sostenido.

Organizar un TEDx implica convencer a empresas, instituciones y medios de comunicación de apostar por un proyecto que aún no existe; de confiar en que una organización de cultura libre, innovación social y derechos digitales tiene la capacidad de producir un evento con los estándares de una marca global. El área de gestión de alianzas y relaciones institucionales,  y que está bajo mi gestión, fue una creación nueva dentro del organigrama de Openlab, y fue estrenada precisamente con este proyecto. CIESPAL como sede, Mall El Jardín, StartUPS - StarLabs y ZOI como patrocinadores, y GK e ImpAQto como media partners confiaron en este proyecto. Esas alianzas no llegaron solas: cada acuerdo implicó asegurarse de que la marca de cada aliado tuviera presencia representativa en el escenario y, sobre todo, de generar la confianza necesaria de cara a futuras acciones. En un equipo pequeño —como suele ocurrir en las organizaciones sociales—, cada persona asumió múltiples roles más allá de sus responsabilidades específicas para garantizar que el evento llegara a buen puerto.

El día del evento, la infraestructura visible descansa sobre una invisible. Yulik Arévalo, del área de educación de Openlab, asumió la jefatura de piso: fue el enlace entre la producción y los oradores, gestionó entradas y salidas del escenario, acompañó a cada speaker al camerino, le dio las indicaciones finales y la señal de entrada. En un evento TEDx, donde los tiempos son exactos y el margen de error es mínimo, esa función es estructural. Quien la ejerce no aparece en el video final, pero sin ella, el video no existiría.

La estrategia comunicacional, liderada por Emily Fonseca, fue integral: planificación de contenidos digitales, gestión de redes sociales y cobertura antes, durante y después del 22 de enero, articulando el relato con speakers, aliados y equipo audiovisual para garantizar coherencia narrativa y posicionamiento de marca. Lo que el público vio en pantalla y en papel —afiches, posts, certificados y kits para patrocinadores— fue diseñado íntegramente por Samanta Ulloa. También, Antonella Venegas, desde el voluntariado de Openlab, se sumó en la conceptualización y guionización de contenido y participó en las jornadas intensivas de producción de piezas gráficas y audiovisuales. El resultado habló solo: el evento llegó al sold out de entradas.

Manuela Sepúlveda asumió la co-coordinación del evento y fue una de las piezas clave en articular a un equipo amplio y diverso alrededor de un objetivo común. Su mirada sobre lo que ocurrió detrás del escenario quedó registrada con una frase que lo resume bien: "el voluntariado es el alma silenciosa de los grandes eventos. Es coordinación cuando nadie mira, creatividad bajo presión, cuidado por los detalles y apoyo constante entre equipos." Un TEDx no lo sostiene solo su núcleo central. Detrás del 22 de enero hubo más de treinta personas que aportaron desde la curaduría de ideas y speakers, la logística y producción, la comunicación y el marketing, las alianzas estratégicas y el soporte general. Personas que, como ella misma señaló, se involucraron desde la idea inicial hasta el último aplauso, con un compromiso que fue mucho más allá de cumplir una tarea.

Cuando el auditorio de CIESPAL se llenó y el primer speaker subió al escenario, el público vio dieciocho minutos de una charla. No vio los meses de preparación, las sesiones virtuales de ensayo, las correcciones de guión, las negociaciones con patrocinadores, los mensajes coordinando logística a las once de la noche, ni las decisiones de curaduría que dejaron afuera historias que también merecían contarse. Eso es lo que borra la narrativa del protagonismo individual: la acumulación de trabajo colectivo que hace posible un evento. 

Openlab Ecuador es una organización que lleva más de un lustro pensando, planificando y desarrollando actividades como Game Jams que han llevado desarrolladores de videojuegos ecuatorianos hasta Brasil, talleres de pensamiento computacional en escuelas rurales, programas de inclusión digital para mujeres emprendedoras, hackathones de innovación para empresas y organizaciones. El TEDx Parque La Carolina no fue un proyecto aislado ni el logro de una figura. Fue la expresión de una institución que ha aprendido, a fuerza de hacer, que los eventos que importan se construyen con equipos poderosos y organizados.

Hay en Quito —y en el Ecuador— muchas historias que merecen un escenario TEDx. Investigadores trabajando en los márgenes del sistema académico. Mujeres transformando comunidades sin financiamiento. Jóvenes construyendo industrias que aún no tienen nombre. Esas historias necesitan espacio, producción, curaduría y alianzas para llegar al público que puede multiplicarlas. Si eres una institución, empresa u organización que cree que algunas ideas merecen ser dichas en voz alta, Openlab Ecuador ya sabe cómo hacerlo. Y sabe, sobre todo, que para hacerlo bien se necesita un gran equipo.